La 32.ª edición del Día del Patrimonio se desarrollará los días 3 y 4 de octubre bajo la consigna “Raíces indígenas: pasado, presente y futuro”. La presentación oficial tuvo lugar este viernes 25 de septiembre en el Salón de Actos de la Torre Ejecutiva de Presidencia de la República, con la presencia del ministro de Educación y Cultura, José Carlos Mahía; el director de la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación, Marcel Suárez; la historiadora Ana Frega, integrante de dicha Comisión; autoridades nacionales, especialistas, representantes de comunidades y actores vinculados a la gestión, investigación y preservación del patrimonio cultural.
La elección del escenario no fue menor: que el lanzamiento se realizara en Torre Ejecutiva sitúa la reflexión sobre las raíces indígenas en un ámbito central de la institucionalidad del país y confirma que la discusión patrimonial excede la conservación de objetos, edificios o sitios históricos para involucrar memoria, reconocimiento, investigación, derechos culturales y formas de representación colectiva.
Uno de los momentos centrales del acto fue la intervención de Ciro Chonít Itzá, quien realizó una apertura desde la voz, la música y la espiritualidad charrúa. Su participación introdujo una dimensión viva del patrimonio, alejada de las interpretaciones que restringen la presencia indígena a un pasado remoto.
Esa perspectiva obliga a revisar una idea instalada durante buena parte del siglo XX: la de un Uruguay prácticamente desvinculado de sus raíces indígenas. Las investigaciones contemporáneas en historia, arqueología, antropología y otras disciplinas han contribuido a complejizar esa narrativa, con nuevas evidencias sobre la profundidad temporal de la presencia humana en el territorio y sobre la continuidad de determinados legados culturales.
Ana Frega destacó la necesidad de abordar este campo desde una perspectiva interdisciplinaria. La historia por sí sola no alcanza para explicar la complejidad de estos procesos; la arqueología, la antropología, los estudios sobre cultura material, las investigaciones territoriales y las voces de las propias comunidades permiten ampliar las preguntas y revisar categorías asumidas durante décadas como definitivas.
Desde los estudios patrimoniales, este cambio de mirada resulta fundamental. El patrimonio no es una realidad fija ni permanece inmóvil: es una construcción social en permanente proceso de selección, interpretación y resignificación. Cada generación decide qué conservar, qué investigar, qué representar y qué transmitir. También decide, consciente o inconscientemente, qué deja fuera.
Hablar hoy de patrimonio indígena supone atender tanto a los vestigios materiales como a las dimensiones inmateriales de la cultura. Sitios arqueológicos, piezas y colecciones forman parte de ese universo, pero también lo integran las memorias, los saberes, la toponimia, las prácticas sociales, las relaciones con el territorio, los relatos familiares y las distintas formas de pertenencia que atraviesan la sociedad.
Marcel Suárez señaló durante la presentación la magnitud territorial que alcanzará esta edición: se estiman alrededor de 560 sitios y espacios con actividades distribuidas en unas 253 localidades del interior del país.
El dato confirma una concepción descentralizada del patrimonio. La construcción de memoria no se produce únicamente desde los grandes centros institucionales ni desde Montevideo, sino también en museos locales, asociaciones culturales, instituciones educativas, archivos, pequeñas colecciones, comunidades rurales y organizaciones que sostienen cotidianamente procesos de conservación y transmisión. Buena parte de las actividades se sostiene gracias a la articulación entre instituciones públicas, organizaciones privadas, colectivos, especialistas y personas que trabajan muchas veces de forma honoraria en la protección de bienes y memorias locales.
Durante el acto también se presentó una emisión filatélica especial del Correo Uruguayo dedicada a las raíces indígenas. El sello conmemorativo, diseñado por Mari Portocaras, incorpora otra forma de circulación de la memoria: la filatelia transforma una pequeña pieza gráfica en un soporte cultural capaz de atravesar territorios y generaciones, y en documento de una época. El acto de matasellado del sobre de primer día de emisión reforzó esa dimensión simbólica.
En su intervención, el ministro José Carlos Mahía destacó el carácter plural de la identidad uruguaya y la necesidad de superar las interpretaciones que durante décadas presentaron una imagen homogénea de la sociedad. La presencia indígena puede rastrearse en la toponimia, en expresiones materiales, en sitios arqueológicos, en manifestaciones rupestres como las de Chamangá y en múltiples elementos que continúan formando parte de la vida cotidiana. La identidad nacional se configura, así, como una construcción compleja en la que confluyen raíces indígenas, africanas, europeas y diversos procesos migratorios desarrollados a lo largo del tiempo.
La consigna de esta 32.ª edición resume esa perspectiva en tres conceptos: el pasado aporta evidencias, experiencias y memorias; el presente exige investigación, reconocimiento y participación; y el futuro plantea la responsabilidad de decidir qué relatos, conocimientos y valores se transmitirán a las próximas generaciones.
Allí aparece uno de los mayores desafíos de la gestión patrimonial contemporánea. Conservar patrimonio implica preservar bienes y sitios, pero también generar condiciones para que ese patrimonio sea comprendido, investigado, interpretado y socializado. Museos, centros educativos, archivos, universidades, comunidades, investigadores y gestores culturales tienen en ese proceso una responsabilidad compartida.
El Día del Patrimonio puede convertirse así en mucho más que un fin de semana de puertas abiertas: una instancia colectiva para revisar categorías, reconocer ausencias, incorporar nuevas perspectivas y ampliar la manera en que se entiende la historia.